Cuando nos adentramos en el mundo de la astrología, es cuando comenzamos a transitar por una intimidad o conexión con el cielo, ya que a pesar de saber que los planetas y las estrellas están muy lejos, la astrología nos permite vivenciar su energía a través de establecer esa intima conexión, con nuestra existencia y nuestro destino.
A través de gráficas permite registrar el nacimiento y las energías cósmicas presentes en ese momento exacto, donde nos abrimos a la vida, y nos enseña que existe un reloj celeste que conforme avanza, todos los cambios que en el cielo se manifiestan, son los indicios que a través de su conocimiento ancestral, nos abre un panorama posible, para los pasos a dar en el camino de nuestro destino.
El transito por la vida va acompañado de una fuerza invisible o espiritual, que va más allá de la comprensión, por ser intangible, inexplicable, pero a la vez indispensable, para sobrellevar los momentos más difíciles, así como crecer en los buenos momentos que también el equilibrio de la vida nos brinda.
La mayoría de los astrólogos consideran que la carta natal encierra un conjunto de potencialidades únicas o individuales, que brindan las claves para comprender nuestra esencia y facilitar así la comprensión de nuestra forma de ser, pensar o actuar, ante las diversas situaciones que el día a día nos va planteando y que muchas veces nos superan, por lo cual recurrimos a la astrología en búsqueda de esa ayuda que nos permita tener un elemento más a evaluar, para seguir adelante.
Pero debemos tener muy en cuenta que; la astrología no representa una predicción exacta de lo que nos depara el futuro, pero si, que nos enseña a conocer los rasgos íntimos de nuestro interior, para encontrar nuestras debilidades y poder así trabajar en ellas, fortaleciéndonos espiritualmente para afrontar los cambios, antes que nos superen.
Imagen: Michel Mintaka



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