El más allá en el chamanismo
Según las fuentes históricas, los inicios del chamanismo se remontan a los mismos orígenes de la vida inteligente sobre la superficie de la Tierra. Según se cree, aunque es cierto que, por momentos, no existen unas pruebas científicas fiables que lo puedan avalar, el hombre de Neandertal empezó a practicar un chamanismo primario, primitivo, en sus primeros enterramientos.
Como conocemos, los Neandertales son los primeros seres que, en la historia de la Humanidad, comenzaron a enterrar a sus muertos, lo que revela un interés y una creencia cierta en el más allá, pues cabe indicar que, estos enterramientos, guardaban una ritualidad característica y muy especial, dotándose al cadáver de semillas y objetos para que, luego, se alimentara en su larga travesía.
Nace en los desiertos de Siberia y de Asia central; lugares a partir de los cuales se extiende paulatinamente a Europa en diferentes oleadas, transmitiendo su conocimiento a los druidas.
Para el chamán, la totalidad en sí del mundo está viva como la persona humana, y todas sus partes permanecen y están interconectadas a todos los niveles de la realidad: presentan un efecto y una repercusión entre todo.

El Universo es sagrado, y presenta con todo ello un propósito, un significado. Y es que la muerte se convierte en algo similar a una partida del alma, mientras que el chamán es el único encargado de recuperarla con la mayor rapidez posible para que no caiga en manos negativas ni malas.
Este hecho también manifiesta una posible creencia en la reencarnación, pues con esta “recuperación”, y con el “regreso” en sí del alma, se piensa que podrá ser utilizada para curar a aquella otra persona que, lamentablemente, haya perdido la suya.
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