Escrito por Tendenzias

Los enigmáticos druidas

Los ritos secretos de los druidas han intrigado durante largos años a los diferentes estudiosos de lo considerado como desconocido. Y es que, en realidad, y si no hubiera sido -precisamente- por esa curiosidad de sus contemporáneos romanos o griegos, muchos de los “exóticos” menesteres de los druidas se hubieran sumido finalmente en el olvido.

Por suerte, en el siglo I a.C., Julio César fue uno de los primeros en informar sobre este enigmático pueblo, sobre los druidas de blancas túnicas y sus misteriosas (y siniestras) actividades, las cuales, llevaban a cabo en remotas cavernas y oquedades gigantescas de robles.

Los druidas, según se cree, pudieron incluso haber celebrado sus cultos en lugares tan mágicos, pero a la vez tan misteriosos, como Stonehenge, pues ya habían sido construídas.

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Los druidas, como sacerdotes de los antiguos celtas, intervenían muy a menudo en la resolución de disputas, emitiendo juicios, e imponiendo castigos. Asimismo, en ocasiones les estaba encomendado honrar a los dioses mediante sacrificios, y de vigilar la actividad de espíritus y almas perdidas.

En este caso, es preciso recordar que, los celtas, consideraban la cabeza humana como la sede práctica y misma en sí del alma, creyendo incluso que ésta seguía viviendo después de separarse del cuerpo.

Por ejemplo, Diodoro (escritor griego), reveló que los celtas guardaban como trofeos cabezas en arcas de cedro, y no se desprendían en absoluto de ellas de ninguna de las maneras.

Otro destacado deber druida era el de aplacar el espíritu de los muertos, sobre todo, durante la víspera del Samain (esto es, último día de octubre), el cual era considerado como un momento de gran peligro, pues, al debilitarse el poder del Sol, los espíritus vagaban libres por la Tierra.

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