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Pitágoras y la Inmortalidad del alma

Para los iniciados pitagóricos el tema de la muerte se encontraba enmarcada en el devenir de la naturaleza o de la vida universal, siendo esta considerada como un incomodo bien necesario.

Las culturas Romanas y Griegas tenían una concepción de la muerte como un peldaño hacia una nueva existencia y por lo tanto no a un final definitivo, representando entonces un cambio de estado o transformación.

Para los Griegos en una de sus religiones se establecía que después de la muerte había una nueva existencia, en donde se recompensaría todo el sufrimiento que aconteciera en esta vida, representando las creencias de la mayoría del pueblo que atravesaba por  la pobreza en particular o la clase campesina.

Así los pitagóricos consideraban que el cuerpo y el alma eran uno y lo mismo, estableciendo que el alma se separaba del cuerpo después de la muerte, siendo específicamente esta separación la muerte en si misma.

Sus creencias sobre el alma eran muy definidas, representándola como una entidad a modo de sombra que deambulaba hasta encontrar un cuerpo en el cual reencarnar.

Este concepto recibía el nombre de la  “Trasmigración del Alma” o  “Palingenesia”, a partir del cual los Pitagóricos respetaban todo tipo de vida, ya que para ellos el alma podía transmutar en cualquier forma de vida.

Creían que el alma significaba un icono de la perfección, todo lo puro y bueno, a diferencia del cuerpo que era considerado lo negativo, efímero y corruptible, transformándose en la negación uno del otro.

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