-    Escrito por gon

Caer en sueños

Al igual que usamos el verbo caer para expresar sentimientos de temor ante situaciones en las que no nos sentimos seguros, dicha acción, en sueños, saca a relucir nuestro miedo a no tener el control de la situación, a no saber sobreponernos a la adversidad, a “dar con nuestros huesos en el suelo”, metafóricamente hablando.

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Caer en sueños siempre indica la existencia de temores. Generalmente, surgen ante circunstancias nuevas, como un cambio de trabajo, una decisión importante o cualquier hecho que nos produzca inseguridad y, con ella, sensación de vértigo. Por ejemplo, cuando uno siente que su puesto de trabajo de toda la vida está en peligro, puede soñar que cae en un precipicio, sin encontrar donde agarrarse, pues es lo que siente cuando está despierto, que llega un cambio al que no sabe como enfrentarse y que lo arrastrará sin remedio. Un niño que oye continuamente a sus padres discutir, puede sentir que la seguridad de su hogar se tambalea y él quedará desamparado.

Hemos de tener en cuenta, a su vez, el resultado de dicha caída. Si al caer, nos levantamos de inmediato, desde luego que hemos de confiar en nuestra capacidad de recuperación y de hacer frente a las dificultades. Es probable que no conozcamos el alcance de nuestra fuerza interior, y éste sueño pretende hacernos llegar este claro mensaje. En cambio, si la caída es muy angustiosa y parece que no acaba nunca, hemos de pararnos y pensar en nuestra situación, pues nos sentimos esclavos de los acontecimientos y sin control ninguno sobre ellos. No hay que dejarse caer, siempre habrá un saliente al que agarrarse.

En cuanto a la profundidad a la que caemos, está será proporcional al miedo que sintamos, por lo que tropezar de repente y caer al suelo no implica sino temores leves a hechos cotidianos, como tener que hablar en público o una primera cita.

En cambio, si nos vemos abocados a caer por un precipicio sin que nadie ni nada nos pueda ayudar, se trata de un miedo mayor, arraigado en nosotros, que puede que estuviera escondido gracias a la comodidad en la que nos encontrábamos, y que, de pronto y al cambiar algo a nuestro alrededor, vuelve a instalarse en nuestra cabeza e invadiendo nuestras sensaciones corporales y nuestros sueños. Por ejemplo, la madre que lleva muchos años dependiendo física y psicológicamente de un marido autoritario y, se encuentra, un día, que ya sólo depende de sí misma y de sus decisiones. Es probable que, al principio, se sienta tan insegura que crea no poder llegar a controlar su día a día y, por consiguiente, que puede caer por el abismo del desastre en cualquier momento.