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¿Qué es un fuego de San Telmo y por qué es un símbolo de buena suerte?

El Fuego de San Telmo, símbolo de buena suerte para los  marineros europeos o de mal presagio para los marineros asiáticos. ¿Qué es el fuego de San Telmo? En esoterismos.com te contamos más sobre este fenómeno.

Desde  hace siglos los marineros cuando se avecinaba una tormenta rezaban invocando a San Telmo su patrón para evitar el barco pereciera en un naufragio, cuando entre los mástiles del barco aparecían unos chorros como de fuego azulado o violeta, ahí estaba el fuego de San Telmo.

Algunos marineros pensaban el fuego de San Telmo era el alma errante de marineros ahogados y otros pensaban que era una ángel que venía  a salvar su barco.

Qué es el fuego de San Telmo

El fuego de San Telmo es un fenómeno atmosférico producido por una descarga eléctrica. Este fogonazo se crea generalmete por una tormenta que ioniza el aire.
En estas condiciones en el aire se forman pequeñas partículas de plasma que se mueven entre ellas, este plasma tiene u n color azul blanquecino parece como fuego a veces incluso tiene forma de ráfaga de fuego doble o triple. Quien ha estado cerca incluso cuenta que produce una zumbido parecido al crepitar del fuego.

Aunque se llama fuego en realidad es un plasma o gas de baja densidad y temperatura provocado por la gran diferencia de potencial eléctrico atmosférico. Una vez la carga se disipa (entre segundos o a veces minutos) el llamado fuego de San Telmo se desvanece.

En realidad todos hemos visto de forma parecida el efecto del Fuego de San Telmo en los tubos de neón que varían de color dependiendo de los gases encerrados en los tubos. La mezcla de gases en la atmosfera de la tierra expuestos a determinadas condiciones lumínicas crean el fuego de San Telmo.
Recibe su nombre del patrón de los marineros San Erasmo de Formia. Elmo es la abreviatura de Ereasmo, este obispo nacido en Sicilia vivió alrededor del 300 después de Cristo. La historia cuenta que San Eramos que sufría una enfermedad mortal durante una tormenta en el mar prometió a sus marineros que cuando ´él muriera el vendría después de su  muerte para protegerles.

Dónde se produce el fuego de San Telmo

Aunque el fuego de San Telmo se asocia fundamentalmente con el mar,  los barcos y las tormentas también se da en el aire y son muchos los pilotos que lo han contemplado el fenómeno. En la mar la aparición puede afectar a la radio y la brújula y en el aire puede interferir en las comunicaciones por radio.

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Existe la teoría que la tragedia del Zeppelin Hinderburg, el dirigible fue debido a una fuga de hidrógeno que entró en contacto con un fuego de San Telmo.
Los pararrayos y agujas de las iglesias o las veletas de algunas casas cuando había tormenta podían favorecer la aparición del fenómeno en tierra firme, lo que dio pie a las leyendas y supersticiones.

Origen del Fuego de San Telmo

El origen del Fuego de San Telmo, al menos el primero que se recoge en los libros de historia, nos lleva hasta el científico e inventor norteamericano Benjamin Franklin. Él fue quien recogió, allá por 1749, la procedencia y el origen de los Fuegos de San Telmo. De hecho, fue quien puso sobre la pista al mundo, asegurando que el origen de los Fuegos de San Telmo es eléctrico.

Benjamin Franklin fue más allá, asegurando que era un fenómeno meteorológico, provocado por una combinación letal de bajas densidades y temperaturas gélidas. La diferencia de fuerza eléctrica es la que permite estos Fuegos de San Telmo.

Mitos del Fuego de San Telmo

Entre los mitos del Fuego de San Telmo, hay uno que es real como la vida misma: el de su nombre. Es Erasmo de Formia (San Elmo), el patrón de los marineros, quien le da nombre. Y es que durante siglos, incontables marineros confirmaron haber visto lenguas de fuego iluminando la cubierta o lo mástiles de los barcos.

Lo del mito del nombre del Fuego de San Telmo viene porque, durante años, se confundió con otro San Telmo. Pedro González Telmo, un obispo español que ejerció desde principios del siglo XIII. La confusión es lógica, por la coincidencia del apellido. Es más, en muchos libros y pinturas podemos ver a los marinos con una vela en la mano, para simular el Fuego de San Telmo.

Al poco tiempo, vuelve a surgir una obra equivocada por completo. Es una pintura al óleo en la que se ve al párroco, el presunto San Telmo, ayudando a socorrer a los náufragos en la playa de Setúbal. Nada más lejos de la realidad, pero la mística de los cuadros, por aquel entonces, elevó a Pedro González Telmo a categoría de semi Dios.

Eso sí, los marineros tenían algo claro sobre el Fuego de San Telmo: tenía su lado bueno y supieron leerlo rápidamente. Uno de los mitos reales del Fuego de San Telmo era su capacidad de predicción y proyección. La aparición de estos fuegos sobre un barco, era un aviso para navegantes de lo que estaba por llegar. Normalmente, un rayo en el barco que podía ser letal. Parece lógico el mal rollo que daban en el entorno marino.

Literatura y Fuego de San Telmo

A pesar de ello, los cuadernos de bitácora literarios, es decir, los libros, que recogen la visión de los fuegos de San Telmo, se cuentan por miles. Algunos barcos, protagonistas de la historia reciente de todo el mundo. Por ejemplo, el que llevaba a Fernando de Magallanes en uno de sus numerosos viajes.

Tal y como recoge Antonio Pigafetta, Magallanes estaba atravesando las Islas Canarias, con rumbo al sur para descubrir nuevas rutas. Iba con cuatro barcos, además del suyo, cuando le sorprendió una tormenta eterna que se prolongó durante dos semanas. ¿Qué pasó para que parara? Pues que unas bolas fluorescentes y brillantes se posaron sobre el mástil del barco. Todos los presentes coincidieron en dar gracias al cielo por mandar esta luz bendita. Desde ese momento, la tripulación, con Magallanes a la cabeza, sostuvieron que el cielo les había bendecido.

Otro ilustre marinero que afirma haber visto El Fuego de San Telmo es Orlando Furioso de Ludovico Ariosto. Este escritor fue el primero, a principios del siglo XVI, en utilizar el Fuego de San Telmo como figura literaria. Lo hace con una alusión directa al fenómeno, y confirmando las intenciones buenistas de sus apariciones.

“La luz de Santelmo les dio la esperanza y la serenidad que necesitaba”. La nave fue vista relumbrando y todos los tripulantes acabaron de rodillas, en cubierta, llorando y rezando como si fuera el fin del mundo. Y lo cierto es que estuvo cerca.

Aunque para clásicos que menciona al Fuego de San Telmo, una de las obras de William Shakespeare: La Tempestad. En ella, Ariel describe de forma detallada y preciosa el efecto que tiene este fenómeno sobre el cielo. Algo similar ocurre con el Conde Forbin en 1696. “En la noche todo se volvió demasiado oscuro, con acongojantes truenos y relámpagos. Cayeron sobre varios puntos del barco como 30 Fuegos de San Telmo”.

Por su parte, Alexander von Humboldt, un insaciable viajero, contaba como en sus viajes, era habitual ver Fuego de San Telmo. “Al mirar los mástiles, el punto más alto del mástil principal estaba cubierto por un movimiento serpenteante. Como cuando enciendes un fósforo sobre una superficie. Esta curiosa iluminación se prolongó durante 8 o 10 minutos. Cuando empezó a decaer y a perder algo de su tamaño, ya había pasado más de media hora, comenta en sus libros.

Y lo mejor es que con el paso de los siglos, la leyenda de los Fuegos de San Telmo se ha mantenido. De hecho, Herman Melville, en Moby Dick, hace mención a como un fuego de San Telmo asola el palo mayor del barco.

Eso sí, si hay una mención famosa como pocas, es la que hizo Julio Verne en su mítica obra El viaje al centro de La Tierra. Escrita a mediados del siglo XIX, el autor narraba el silencio general, como el viento respetaba ese silencio, e incluso como la naturaleza permanecía callada ante lo que estaba por venir. Según Julio Verne, parecía muerta. Pero nada más lejos de la realidad. Estaban esperando los Fuegos de San Telmo.

El último autor que traemos hoy es Lord Napier, quien en uno de sus viajes por el Mediterráneo, a principios del siglo XIX, vio como la noche se ennegrecía a su alrededor, y empezaban a surgir los primeros relámpagos. Lo que no esperaba era un haz de luz fría sobre el mástil principal del barco. Petrificado se quedó hasta que pasó. Y es que no es fácil ver un milagro con tus ojos, y procesar lo que está pasando.

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